Lo + leído

07 enero 2009


Capítulo 1: La Mansión de los Riddly

Los vecinos del pequeño pueblo de Jalemón se entretenían contando historias pasadas a los visitantes. Nunca faltaba la cotilla del barrio que les entretenía con los hechos que ocurrieron en la mansión de los Riddly, una gran edificación que estaba situada en la cima de una colina.

- Pues verá usted, guiri, el caso es que esa mañana estaba yo barriendo mi portal, porque a mí me gusta tenerlo todo como los chorros ¿sabe usted?, y en eso que llega la cocinera de los Riddly... los Riddly eran unos ricachones mu bien alimentaos que vivían en el pedazo palacio ese... eran malos malísmos, vamos, que no los queríamos ver ni en pintura. Y el peor el hijo, oi el hijo lo malo que era, lo llamaban "el malo", fíjese usted. En fin, a lo que iba, que llegó la cocinera... ¿o era la sirvienta? no sé... el caso es que llegó corriendo a la taberna desesperada gritando "Ai que han matao al señorito escarlato, ai que han matao al señorito escarlato". Claro, fíjese usted señor guiri, aquí que nunca pasa ná eso fue la bomba, si ya ve, han pasado más de 50 años y sigue siendo el culebrón del pueblo. Total, que claro, llegó la policía y comenzó a investigar a ver cuál de los 40 habitantes del pueblo de aquella época era el asesino, y de esos 40, 36 eran abuelicos que no podían ni con su alma... en fin, que al final se llevaron de sospechoso al jardinero, lo acusaron de matar a toda la familia, porque claro, las puertas no estaban forzadas, y tos los Riddly aparecieron muertos como que de no sé qué ¿sabe usted? una cosa mu rara. Y to el pueblo se quedó con una cara... pero es que el jardinero no podía ser, si era un hombre mu solitario que había vuelto de un viaje a la Galia y desde entonces no quería ver ni a Dios. Pa mí que fue la cocinera... pero bueno, yo ahí no me meto, que después me llaman cotilla. Total, verá usted, que la policía se lo llevó y desde entonces, aunque lo soltaran días después, to el pueblo sigue sospechando del pobre hombre, pero bueno, como está sordo como una tapia no nos oye y él vive tan fresco en su choza. Porque mire usted señor guiri, después otras personas compraron la mansión, pero todas se fueron porque dicen que hay algo ahí dentro, pa mí que la casa está encantada o algo, porque ahí no vive nadie más de una semana... total, que el último dueño sigue manteniendo al jardinero, por pena más que nada ¿sabe usted?. Y el pobre hombre pues... se pelea con los niños, que le lanzan piedras a través de la tapia, pensando claro, las criaturas se piensan que es un monstruo, con esa trompetilla en la oreja, si es que el hombre está muy sordo... en fin, la panadería está la segunda calle a la derecha, buenas tardes, yo sigo aquí limpiando el portal...

Aquella noche, mientras todo el pueblo dormía, el jardinero se puso la radio mientras se preparaba un té. No entendía cómo la radio cada vez sonaba menos, y juraría que la tetera no funcionaba, porque hacía años que no pitaba. Se sentó en su vieja mecedora y giró la cabeza hacia la mansión de los Riddly, aún recordando aquel joven con las largas melenas que había entrado la mañana en que murió toda la familia, finalmente no lo localizaron. Pero había algo extraño, en una habitación había luz.

- Malditos niños, como los pille... - el hombre se tocó la garganta - cada vez pierdo más voz, acabaré mudo...

El hombre agarró una vara metálica con la que atizaba la leña del fuego y salió con un candil hacia la mansión. Siempre llevaba consigo las llaves, aunque en esa ocasión la puerta trasera estaba abierta, alguien había entrado esa misma noche.

El hombre fue subiendo por las escaleras, haciendo ruido allí por donde daba su vara metálica, sin que se diera cuenta. Finalmente llegó al segundo piso y se asomó en aparente silencio por una puerta medio abierta en cuya habitación había luz.

- Buaaaaa, ¡¡que bajen el chumba chumba!! ¡¡que intentamos dormir!! detesto a los muggles... - una voz muy infantil, pero a la vez muy fría, salió de detrás de un sofá.

- Debe ser el jardinero, señor, mi señor... - cerca de él había un hombre muy feo y bajito, con unos dientes bastante grandes. Iba vestido con un delantal rosa claro y tenía un biberón en una mano.

- Quero lechiza, ¡¡QUERO LECHITA!!

- Ya va, mi señor, ya va... - el hombre se arrodilló y entregó el biberón. - Mi señor... esto... por favor, permítame ponerle un pañal, está dejando todo echo un asco...

- ¿Qué quieres decir, Cosita? ¿Me estás llamando cochino? No caeré tan bajo como para ponerme un pañal apestoso... - la voz infantil parecía enfadada. - Y ahora... ¡¡quero la papilla!!

- Si, mi señor, tenga... diga AAAA.

- ¡¡Hazme el avioncito!! pues... mmm... ha sido una suerte que encontraras a Berta Hopkirk, nos ha... mmm... dado información muy útil sobre los mundiales... ¿te has encargado de ocultar bien su cadáver?

- Si mi señor, nadie la encontrará debajo de aquella alfombra...

- ¿Alfombra? Que seas un... mmm... tejoncito no significa que todo pueda esconderse debajo de alfombras. Mañana mismo la tiras por el desagüe del retrete.

- Pero señor...

- Ni peros ni leches, he dicho. - la voz infantil ahora hablaba más flojito - Nos reuniremos con mi más fiel seguidor y juntos trazaderos el plan para atrapar a Zanky, le necesito para recobrar todo mi poder.

- Pero señor, es muy arriesgado, ¿no le vale otro niño? yo tengo un sobrino que...

- ¡NO! Y... quero a Nagini, ¿dónde está Nagini? ¡¡QUERO A NAGINI!!

- Estará dando una vuelta por la casa, mi señor... venga, que le ayudo a echar los gases...

El jardinero estaba mirando atónito cómo esas dos personas eran capaces de comunicarse sin hablar, únicamente moviendo los labios. Bajó la cabeza y vio una mantis de un palmo de alto que pasaba entre sus piernas.

- ¡¡BIIICHO!! - El hombre se quitó una apargata y comenzó a dar con ella al suelo, intentando aplastar a la mantis, pero ésta entró corriendo y se escondió tras el sillón.

- Cosita, ¿qué es eso?

- Una apargata.

- No, lo que sujeta la apargata.

- Un muggle mi señor.

- Bien pues... señor muggle, me temo que va a durar aquí menos que una magdalena en Hogwarts...

- ¿M'ANDE? ¿CÓMO DICE?

- Cosita, dame mi varita.

El hombre bajito acercó una varita a su amo, pero ésta se cayó, ya que la habían sujetado torpemente. El hombre, al recogerla, recibió una colleja en el cuello.

- ¡¡TORPE!! dáme la varita, ¡¡DÁMELA!! quero sangre, sangreeeeee, girame hacia el muggle.

El sillón se dobló y el jardinero quedó horrorizado por la visión, sin embargo no le dió tiempo a reaccionar, una luz verde muy brillante fue lo último que vio antes de caer inerte en el suelo.

A muchos kilómetros de allí, un muchacho se despertaba de madrugada con un terrible dolor en la cicatriz en forma de Z de su frente, y con un antojo a magdalenas.

2 comentarios.

  1. tioserio dice:

    ¡Viva y bravo! Me afilio a los RSS y me mantengo pendiente de las actualizaciones. ¡Donde no me leí los tres libros anteriores, por Belenos que me leeré el cuarto! ¡Aunque solo sea por los carismáticos aunque imprescindibles secundarios!

  2. Borja dice:

    Dioooooos, qué bueno.

    Me imagino a la cotilla como a "Lorena" de Aída de mayor, mientras que el malo malísisisimo me imagino a "Stewie" de Pade de Familia.

    En serio, genial.

- Copyright © Zanky Potter - Date A Live - Soporte por Blogger - Diseño por Johanes Djogan - Modificado por Zancaturno -